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En 1890, cuando ya goza de una brillante fama como escritor, Oscar Wilde publica la primera parte de su ensayo El crítico como artista, que titula La importancia de no hacer nada. Dos meses después aparece La importancia de discutirlo todo.

Se publican reunidos por primera vez todos los relatos breves protagonizados por el detective Plinio, Jefe de la Guardia Municipal de Tomelloso (G.M.T.), y su inseparable socio y colaborador, el veterinario don Lotario. Narraciones cortas e intensas o joyas literarias que casi alcanzan el título de novelas como la magistral El último sábado.

Escritos entre 1907 y 1910, los catorce cuentos trágicos que componen Palabras y sangre son aún más desagarrados e hirientes que los de El piloto ciego, como si pretendiesen despertar al mundo para evitar la primera gran guerra que sacudiría Europa sólo cuatro años después. Con su peculiar estilo para mezclar lo fantástico con lo real, y obsesionado por la «perversa o enferma» psicología humana, el gran autor italiano utiliza la palabra para gritar contra la angustiosa realidad a la que se siente condenado.

Publicado dos meses después de La importancia de no hacer nada, La importancia de discutirlo todo insiste en que criticar es mucho más difícil que crear y que «no hacer nada es la cosa más difícil del mundo», reservada a un grupo de privilegiados intelectualmente. Oscar Wilde vuelve a provocar con sus ácidas reflexiones: Inglaterra «ha inventado y establecido la opinión pública, que es un intento de organizar la ignorancia de la sociedad y de elevarla a la categoría de fuerza física».

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